VIAJE A GRANADA XIII – El Real Monasterio de San Jerónimo

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

                Son muchos los granadinos y ciudadanos de otros lugares que durante el trascurso de su vida y quehaceres cotidianos se acercan a este monasterio para sosiego de cuerpo y alma; sin embargo no todos nos damos cuenta que estamos ante una joya del Renacimiento español, fundado por los Reyes Católicos, después de la reconquista de la ciudad, para la Orden Jerónima en la rama masculina.

                         Este Monasterio fue fundado bajo la advocación de Santa Catalina Mártir, en la localidad de Santa Fe, donde los monarcas habían establecido el campamento que permitió el cerco a Granada en el año 1.492. Esta sería la primera fundación  Real de la  ciudad, que tuvo lugar  en atención al Confesor de los Reyes, Fray Hernando de Talavera, que llegaría a ser el primer Arzobispo de Granada y el encargado de llevar a cabo la reforma ordenada por ellos.

                        Al poco tiempo se decide el traslado del Monasterio a la capital, cambiando el nombre por el La Concepción de Nuestra Señora, se estableció al principio en una casa árabe con huerta llamada “Nublo” que perteneció a los reyes de la dinastía Nazarí.

                       Su construcción comienza en 1.496, en un lugar La Almorava, que hoy ocupa el Hospital de San Juan de Dios, con este fin la monarquía permite la expoliación del cementerio musulmán en piedras y ladrillos, este cementerio estaba ubicado en el exterior de la Puerta de Elvira.

                        En 1.504 a raíz de una epidemia de peste, se decide iniciar una nueva obra, en un lugar próximo, llamado Dar Aben Murdi (Dar-ibn-Murdi) que poseía casa, huerta y molino de aceite, se construyó tan deprisa que en 1.521 los monjes ya están instalados en él.

                       Durante la invasión  napoleónica los monjes abandonan el monasterio un día antes de la entrada francesa en la ciudad, aprovechando esta coyuntura el pueblo saquea el templo y los franceses lo rematan, convierten el edificio en cuartel, la iglesia en granero, las rejas son fundidas para hacer balas, la sacristía destruida para aprovechar su madera y los restos del Gran Capitán son profanados en venganza de las derrotas que infligió a los franceses a principios del siglo XVI.

                        La iglesia es de planta basilical: una nave, crucero, capillas laterales y Capilla Mayor. La nave se cubre con bóveda de crucería; la Capilla Mayor con bóveda de medio cañón y tres cascos de esfera; los brazos del crucero con medio cañón y sobre el crucero cimborio sobre trompas aveneradas en las que apean las esculturas de los Evangelistas, y encima bóveda de crucería. Todas estas cubiertas aparecen ricamente decoradas; Capilla Mayor (obra de Diego Siloé y sus discípulos)  pinturas al fresco en los parámetros y bóveda en la nave (de Juan Medina).

                         Del interior destaca el magnífico retablo de la Capilla Mayor. Realizado entre 1.570 y 1.605, reflejando características del Renacimiento y el Manierismo. Considerando los retablos como medio más eficaz para enseñar religión a los fieles.

                       En el coro, situado a los pies de la iglesia y en alto, sobresale la bella sillería realizada por Diego Siloé, y un órgano de fines del siglo XVIII.

              Tiene dos claustros, siendo distintos tanto por sus estilos como por sus dimensiones. el mayor lo forman dos pisos de galerías abiertas, la inferior es de nueve arcos de medio punto con capiteles góticos. Las siete portadas de las capillas funerarias que se abren a este patio fueron realizadas por Diego de Siloé.

                          El segundo patio, muestra elementos renacentista, góticos y mudéjares, sus dependencias fueron habitadas por la emperatriz Isabel, esposa de Carlos V, en su viaje de bodas.

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